Cómo trabajamos en Drencherbot: fuentes, verificación y correcciones

Cada semana llegan a la redacción de Drencherbot entre quince y treinta avisos relacionados con el deporte amateur salmantino. La mayoría se caen, pero los que aguantan la verificación acaban publicados, y este texto explica exactamente por qué.

De dónde salen las noticias

La redacción de Drencherbot ocupa un local de 38 metros cuadrados en la calle Van Dyck, junto al barrio de Garrido, y no tiene corresponsales en la provincia, así que todo lo que publicamos nace de llamadas, correos y visitas a pie de campo. El pasado mes de marzo, por ejemplo, la mitad de las piezas deportivas salieron de una conversación con un utillero del Club Deportivo Nava de Sotrobal en el campo de La Veleta, un tipo que llevaba veintidós años doblando camisetas y que sabe mejor que nadie quién paga y quién no.

Un aviso puede entrar por cuatro vías: el correo [email protected], el teléfono fijo 923 41 27 08, el buzón de la sede y, cada vez más, una conversación de WhatsApp que alguien reenvía a un redactor concreto. Ninguna vía es mejor que otra.

Lo que sí importa es que el aviso incluya algo comprobable: una fecha, un número de acta, un nombre de club, una matrícula, un resultado oficial. Si solo hay indignación, difícilmente hay noticia. El pasado 14 de febrero recibimos una alerta sobre una presunta irregularidad en la inscripción de un juvenil del CD Carbajosa, y el aviso venía firmado con nombre y apellidos, algo que agradecemos aunque luego no se publique la identidad del informante. Nada de eso garantiza que la historia sea cierta. Solo garantiza que alguien se ha mojado.

Qué se verifica antes de publicar

La regla básica es sencilla: un dato no se publica hasta que existe un documento o una segunda persona que lo confirme.

En el caso del juvenil del CD Carbajosa, el redactor que llevó la pieza pidió el acta del partido en la Federación de Castilla y León, habló con el coordinador del club, llamó al árbitro, que contestó desde el vestuario de Los Montalvos, y cruzó los horarios de convocatoria con la cuenta de Instagram del equipo, donde aparecía una alineación distinta a la oficial. La verificación documental va antes que la llamada al afectado, porque así se evita que alguien reconstruya su versión a partir de lo que le preguntamos.

Hubo un detalle decisivo: el acta original decía una cosa y el acta corregida decía otra. Ahí paramos y volvimos a empezar.

No usamos bots para rastrear redes sociales porque en el deporte base la mayoría de los rumores circulan en grupos cerrados de padres y entrenadores, y acceder a ellos sin permiso nos parece un atajo sucio. Cuando un rumor llega por esa vía, pedimos al informante que nos ponga en contacto con la fuente original. Tampoco publicamos capturas de pantalla sin contexto. Una imagen de un marcador puede ser de 2019, de otro campo o de otro deporte.

Cada afirmación de un texto se contrasta con al menos dos fuentes independientes cuando implica a una persona con nombre propio, y con un documento oficial cuando afecta a una clasificación, un presupuesto o una sanción. Si no llegamos a ese mínimo, la pieza no sale.

El pacto con la fuente

Hablamos con la gente en sus términos y les explicamos qué vamos a hacer con lo que nos cuentan. Nada de promesas vagas.

Si una fuente pide anonimato, el redactor justifica por escrito ante el consejo de redacción por qué es necesario, y esa justificación se guarda en el expediente interno durante dos años, con el nombre real de la persona y el seudónimo que se usará en el texto. El anonimato no es un favor: es una excepción que hay que defender. Un entrenador del Santa Marta nos pidió en enero no aparecer con su nombre en una información sobre impagos de dietas; aceptamos, pero publicamos su categoría y su club porque sin esos datos la noticia no se entendía. Él lo sabía y dio el visto bueno.

Nunca pagamos por declaraciones, ni por imágenes, ni por acceso a un vestuario.

La única compensación que ofrecemos es café o una entrada de tribuna, y eso se apunta en la caja común. Cuando la fuente es menor de edad, hablamos siempre con el padre, la madre o el tutor legal, y no publicamos imágenes identificables de chavales en categorías inferiores sin autorización escrita, algo que a veces genera tensiones con clubes acostumbrados a subir fotos de vestuario sin preguntar.

Qué ocurre con un aviso que no publicamos

La mayoría de los avisos no acaban en portada, y eso no significa que se tiren. Se archivan con una etiqueta y un motivo.

Tenemos una base de datos interna en la que cada aviso recibe un código de seis dígitos, la fecha de entrada, el redactor asignado y el estado. Los estados son cuatro: en estudio, verificado, descartado y derivado. Descartado no quiere decir falso. Quiere decir que no tenemos suficiente para sostenerlo.

En marzo, de veintiocho avisos recibidos, doce se quedaron en estudio, cuatro se verificaron y publicaron, nueve se descartaron y tres se derivaron a otros medios porque afectaban a competiciones fuera de Castilla y León: dos a un diario de Valladolid y uno a una radio de Zamora.

Si el aviso describe un posible delito, lo pasamos a la sección de sucesos y no lo tocamos como pieza deportiva. Ahí manda otro protocolo.

Correcciones y réplicas

Nos equivocamos.

En diciembre publicamos que el CD Nava de Sotrobal había pedido plaza en Regional Preferente y no era exacto: el club había consultado disponibilidad, nada más, y la confusión vino de una conversación con un directivo que hablaba en condicional y de un redactor con prisa por cerrar la edición. La corrección se publicó a las cinco y cuarto de la tarde del día siguiente, con el error marcado en el texto y una nota al pie firmada por la dirección. No borramos la pieza original; la dejamos visible con el aviso.

Cualquier persona mencionada en un artículo puede pedir réplica, y se publica en el mismo espacio y con la misma visibilidad, sin editarla más allá de la corrección de erratas evidentes. Las correcciones se acumulan en una página fija del sitio, ordenadas por fecha, y cualquiera puede consultarlas. En lo que va de año llevamos nueve.

No nos gusta corregir, pero nos gusta menos dejar un dato mal puesto en una clasificación o en la ficha de un chaval de quince años. La credibilidad del deporte amateur salmantino se construye con actas y con nombres bien escritos, no con titulares rápidos.

De dónde salen las noticias

La redacción de Drencherbot ocupa un local de 38 metros cuadrados en la calle Van Dyck, junto al barrio de Garrido, y no tiene corresponsales en la provincia, así que todo lo que publicamos nace de llamadas, correos y visitas a pie de campo. El pasado mes de marzo, por ejemplo, la mitad de las piezas deportivas salieron de una conversación con un utillero del Club Deportivo Nava de Sotrobal en el campo de La Veleta, un tipo que llevaba veintidós años doblando camisetas y que sabe mejor que nadie quién paga y quién no.

Qué se verifica antes de publicar

La regla básica es sencilla: un dato no se publica hasta que existe un documento o una segunda persona que lo confirme.

El pacto con la fuente

Hablamos con la gente en sus términos y les explicamos qué vamos a hacer con lo que nos cuentan. Nada de promesas vagas.

Qué ocurre con un aviso que no publicamos

La mayoría de los avisos no acaban en portada, y eso no significa que se tiren. Se archivan con una etiqueta y un motivo.